En cuanto termino de de leer el texto: “¿De nobis ipsis silemus?”: Epistemología de la investigación biográfico-narrativa en educación, de Antonio Bolívar, tomó las hojas con ambas manos golpeándolas suavemente contra el escritorio para emparejarlas, al mismo tiempo que realizaba una profusa inhalación de aire, seguida de una “lógica” profusa exhalación, que evidenciaba cierto relax, sin embargo la manera en que comenzó a frotar sus manos indicaba otra cosa.
Desde la metáfora del paisaje de Bruner en la pagina 19, se le había metido en la cabeza la idea de escribir “un relato de lectura” en lugar de un “comentario”, lo cual le había ocasionado estar construyendo –como en la metáfora del texto– dos paisajes mentales simultáneos a la par de la lectura, uno en el que veía las imágenes “del texto” y otro en el que veía las imágenes “de su propio texto”.
Desde ese momento la secuencia “lineal normal” de los paisajes primarios, fue constantemente fragmentada por los secundarios que aparecían intermitentemente en su cabeza sin que pudiera hacer gran cosa por evitarlo, empezó a sentir cierta ansiedad por terminar aquel texto, lo que ocasionó que las paginas restantes fueron extrañamente complejas e interesantes.
El reloj en la esquina inferior de su monitor marcaba las 15.19 hrs, tenía algo así como 4 hrs leyendo; de no haberlo revisado constantemente seguramente se habría sorprendido de ver el tiempo transcurrido, la manera en que Bolívar había estructurado su trabajo, tenia que ver con aquel efecto “fast-time”, pensó.
Encontraba un claro planteamiento inicial, seguido de una clara secuencia de “sucesos” concatenados que permitían seguir coherentemente el texto, por otra parte el interés personal que tenía en el tema lo instó a “clavarse”.
A la par que pasaba las hojas, creía ir comprendiendo el sentido de lo ahí escrito, hacia pequeños garabatos en los márgenes del texto –los cuales frecuentemente después no comprendía– con la idea de que al finalizar le ayudasen a ordenar sus ideas.
Sin embargo, estaba tratando de no echar mano de ese recurso, lo que ahora veía en su mente era justamente como -al leer línea tras línea- el “sentido” iba “tomando forma” en imágenes proyectadas dentro de su cabeza, situación que bien podría ilustrar lo que en la universidad denominamos “aprendizaje significativo”.
Más allá de los objetivos del autor, de comprender la investigación biográfico-narrativa como perspectiva, y del por qué de su validez en términos epistemológicos, devenidos de la condición postmoderna (crisis de los paradigmas, de los meta-relatos, inclusión de la intersubjetividad sujeto-objeto, incluso como forma de legitimación y visibilización de minorías sociales en el texto científico).
Más allá aun, de la comprensión de que el análisis de la investigación narrativa debe oscilar entre el análisis paradigmático y el narrativo para alcanzar validez científica en el informe narrativo –si la aventura hiperrealista del mismísimo Bourdieu no es más que una non grata flor cortada de los sacrosantos jardines de la verdad–; o de la vieja discusión antropológica entre lo emic y lo etic, –o la nueva, suscitada en clase, sobre la mirada epic–.
Más allá de todo esto lo que le interesaba saber era cuales eran las fronteras entre lo narrativo y “lo otro”, finalmente como el mismo Bolívar expresaba:
“la antropología etnográfica ha adoptado más decididamente que otras ciencias sociales, el enfoque narrativo (la cultura como texto), entendiendo su tarea como una ciencia interpretativa en busca de significaciones”,
¿O que no somos unos self-interpreting animals?, (no existen estructuras de significado independientemente de su interpretación).
Recordó su primer ensayo de campo antropológico; “La visión del nativo de Barra de Sontecomapan sobre su entorno natural”, en el cual había optado por la historia de vida como “técnica de recopilación de datos”; recordó sus entrevistas con Don Martín Quiroz, en aquel jacal, inmerso en la obscuridad de una noche impregnada por el ambiente cuasi-selvático de “La Barra”.
Mientras el otrora “jovencito”, intentaba tomar notas en su libreta de campo a pesar de la obscuridad, lacerado por marejadas de insaciables mosquitos, su mente, -como lo hacia ahora, hace un momento-, se bifurcaba en dos paisajes mentales: uno en el que se proyectaban los relatos sobre un mítico animal llamado “el gran salvaje” del cual hablaba su interlocutor y otro en el que proyectaba escenarios prospectivos de su vida futura, devenidos de la novel experiencia antropológica que en ese preciso instante estaba viviendo.
“Es una particular reconstrucción de la experiencia, por la que, mediante un proceso reflexivo se da significado a lo sucedido o vivido”, la frase en el papel, cobró sentido al “ver”, (en una de las dos pistas), el informe de campo que había entregado como sistematización de aquella primera experiencia.
Aquel documento era una especie de “breve ensayo literario” que versaba sobre su propia experiencia desde el punto de vista del ser (humano) y del antropólogo, aspecto que –a fuerza del revelamiento interior que le significó– había dejado de lado al mismo proyecto de investigación, para convertirse en objeto en si mismo.
En este momento, en el que ahora escribía, a través del cristal que le proveía la información que aun procesaba, pensó que quizás aquel “ensayo” se acercaba más a una especie de: particular reconstrucción de la experiencia, por la que, mediante un proceso reflexivo se da significado a lo sucedido o vivido, que cualquier intento consciente que hubiese podido intentar hacer, (que de hecho nunca había intentado hacer, aquellas historias de la jungla que el buen Don Martín Quiroz le contó al novel antropólogo, tristemente jamás salieron de la libreta de notas de campo).
Volvió la mirada a la esquina inferior derecha de su monitor, el reloj marcaba las 5.50.pm, después lo hizo hacia el lado contrario sobre las hojas del texto que estaban desordenadas junto a su teclado.
Las tomó y les dio una ultima revisada, pensó si habría logrado un equilibrio entre lo pragmático y lo narrativo en su “informe bibliográfico-narrativo”, no estaba muy seguro, pero confió en que, al menos, funcionaría como un buen comentario alternativo.
13 de febrero 2009
Bibliografía: Bolívar, Antonio (2002) ¿De nobis ipisis silemus?: Epistemología de la investigación biográfico-narrativa en educación. Revista electrónica de investigación educativa, 4 (1): 40 - 65. En http://redie.ens.uabc.mx/vol4no1/contenido-bolivar.html
















