Respondió la llamada, su interlocutor empezó a hablar sin parar, posicionando todos sus argumentos y mostrando que francamente no le interesaba en lo absoluto cualquier comentario que él le pudiera exponer, por lo que se limitó a escucharlo pacientemente esperando que acabara su perorata para finalmente exponerle su punto de vista sobre la situación, sin embargo conforme pasaban los minutos comenzó a sentir que se le retorcía no solo el hígado sino también el intestino y todos los órganos internos, somatizando el coraje y la impotencia que le estaba causando el maldito necio.

Si había algo que había aprendido era que si bien los ideales eran un fuerte soporte para cualquier ser humano, también eran causantes de la mayor parte de las desgracias del mundo, le parecía lamentable que el otro se aferrara a lo que consideraba "era", sin dar oportunidad al dialogo y -aparentemente- sin darse cuenta de que ambos navegaban en el mismo barco, comenzaba a hacerle sentir que lo veía como enemigo.

Después de 15 largos minutos, -transcurridos entre profundas aspiraciones y exhalaciones de aire- concluyo el monologo; se sintió conforme al saber que tuvo la capacidad de escucharle, y se dispuso a plantearle un par de aspectos como reflexión, justo en eso le dijo: "sabes que van a ocupar la línea te llamo luego" y colgó.

Se quedo un poco frustrado y se dispuso a seguir con el trabajo, pero conforme paso el tiempo una furia enorme se apoderó de su ser, realmente se sentía de lo más encabronado e impotente, tenía tiempo intentando encontrar soluciones a los problemas con su contraparte y por más esfuerzo que hacía veía que no había logrado nada, todo estaba varado, en buena medida gracias a las malditas ideas que aquel cabrón se había metido en la cabeza, las cuales no estaba dispuesto siquiera a considerar, todos estaban mal: él, la institución, el proyecto, los estudiantes, los productores, todos menos él, !puta madre¡, !pinche necio egocéntrico no se da cuenta de que su estupidez esta afectando a todos¡.

Si al menos propusiera algo !pero no¡ todo era: "No estoy de acuerdo, no estoy de acuerdo, no estoy de acuerdo",

Pasaron 2 horas y seguía igual, se imaginó corriéndolo pero sabía que no era lo más adecuado, incluso se imagino rompiéndole el hocico, desde luego solamente como una imagen para apaciguar el momento.

Finalmente después de 2 horas y media, se calmó, recordó lo inútil de permitir que algo en realidad poco importante sea tan importante como para retorcer el hígado junto con todos los órganos internos y se preparo mentalmente para dialogar con el necio al otro día de la mejor manera.

El Grito